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Sunday, October 5, 2014

Los turcos y Rubén Darío

Es posible que haya por ahí alguna composición del insigne poeta nicaraguënse que venga de inmediato a la mente de algún lector, a manera de asociación directa, nada más se lea el título de esta entrega.
Hasta donde yo sé, no existe escrito alguno de Darío en el que se refiera al grupo social de personas de ascendencia levantina [con finalidad puramente de síntesis, valga la aclaración] a quienes en la América hispana se conoce aún de manera genérica como “turcos”.
Humor sin R Los Turcos
De "baisanos" a "guanacos"

No hay intención de mantener suspenso alguno, así que les diré que con el título me refiero a dos de los cientos —si es que no miles— de crónicas que Rafael Álvarez Mónchez, el colega a quien mencioné en una entrega reciente, publicó durante su larga carrera periodística.
A Mónchez [nadie, que yo sepa, lo llamaba por su nombre de pila y mucho menos por su apellido paterno o la combinación de ambos apellidos] pueden verlo segundo de la derecha en la fotografía que reproduzco abajo, cuyo pie de grabado se titula COLEGAS UNIDOS.
Tal como se explica en el pie de grabado, esa foto —una de las últimas oportunidades en que coincidimos con Mónchez— fue captada en el aeropuerto de Toncontín a mediados de 1980, poco después de que la cancillería salvadoreña había anunciado el acuerdo de paz que puso fin al estatus de beligerancia existente con Honduras desde la Guerra de las 100 Horas, en julio de 1969.
Primer aterrizaje en Toncontín
Mónchez, de saco y corbata; yo, barbado, en 1980

Tuesday, September 16, 2014

Más tiesos que los húsares

La frase del título no es mía, pero sí viene al caso porque proviene de una jocosa columna que mi buen amigo, el escritor y periodista Rafael Álvarez Mónchez, publicó hace poco más de medio siglo en las páginas de El Diario de Hoy.
En “Humor sin R” —o sea, Humo— Mónchez aprovechaba el relativo anonimato de su nom de plume, Ramón Chez, para hacer comentarios ligeros y en ocasiones, picantes y hasta capaces de incomodar a alguien, sobre el acontecer salvadoreño.
Lo mismo entonces que ahora debía de tener, el escritor, un cierto nivel de osadía para ejercer el humor.
Gastador en 1964
Flanqueado por dos condiscípulos

De manera que se explicarán también de dónde viene eso de “relativo anonimato” con que me refiero al seudónimo del colega, ya que no era nada difícil adivinar el verdadero nombre de quién avivaba la hoguera de donde se elevaba esa jovial columna de humo.
Tengo por ahí en el tintero una entrega con más detalles sobre mi buen amigo, que devino en colega y compañero de labores mío unos seis años después de que se publicase, el 11 de septiembre de 1964, la columna que podrán leer haciendo clic en la fotografía abajo.
En ese 15 de septiembre de hace medio siglo yo estaba aún en último año de secundaria.
Yo conocía a Mónchez por vínculos familiares, pero mientras él seguramente aporreaba el teclado en la redacción del “Dioy” yo, como gastador en las filas escolares del Colegio Marista de San Miguel, posaba luego del desfile en compañía de dos de mis condiscípulos, José Alonso Martínez, a mi derecha, uno de los miembros de la banda de guerra del ICO, y Amílcar David  Márquez, otro de los gastadores [uno de mis compañeros de entonces, Carlos I. Suárez, me ha corregido el error y me dice, también, que nuestro compañero se nos adelantó ya en el viaje sin retorno], como verán en la semiborrosa foto de hace medio siglo a inmediaciones de la Alcaldía Municipal migueleña.