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Tuesday, April 30, 2013

La telaraña mundial

Los lectores de estas Hablanzas y Malhablanzas recordarán que en dos de nuestras primeras entregas, El buen decir y La web precede a la Internet, recordábamos los intríngulis que generó para todos la irrupción de la World Wide Web.
Traigo a cuento ambas entregas porque es hoy, martes 30 de abril, cuando se cumplen exactamente dos décadas de que el físico británico Tim Berners-Lee la dio a conocer.  
Fue él quien creó la web (Foto CERN)
La invención del científico data de 1989 y su propósito original era satisfacer la necesidad de compartir información entre físicos de universidades e instituciones del mundo entero.

Como pueden leer en este comunicado del evento divulgado por CERN, el acrónimo en francés de la Organización Europea para Investigaciones Nucleares, fue entonces que la tecnología de la World Wide Web (“W3”, o simplemente “la web”) se puso a la disposición del mundo entero de manera gratuita, sin pago de regalías de ningún tipo.
Para evitar repeticiones y dado que las entregas anteriores quedan ahí para consulta, les recordaré nada más que entre las dificultades que planteó la irrupción del nuevo sistema de intercomunicación instantánea [hablo de las dificultades para quienes andamos en cosas del lenguaje, que no son necesariamente las únicas que afloraron] estaba la de cómo llamarla.    
El logo original (Imagen CERN)
Inicialmente no hubo más remedio que repetir el nombre tal cual: World Wide Web (entrecomillado o en itálicas) o bien recurrir a la abreviatura misma ofrecida por la CERN: “W3” [el logo original de Robert Cailliau, a la izquierda, recoge la abreviatura]. Nada práctico en algunos casos. En la península se la llamaría “Triple Uvedoble” mientras que en el resto del mundo sería “Triple Doble U” [aparte, claro está, de la reticencia que cabría esperar en naciones donde lo de Triple seguido de una sola letra se asocia con organizaciones nefastas y sangrientas, y paro de contar].
Se llegó así al adefesio ese de “La telaraña mundial” propuesto por algunos [que recordamos en el título de esta entrega] y que al final, misericordiosamente, no prosperó.
El comunicado de la CERN recoge las declaraciones de su director general, Rolf Heuer: “No hay ningún sector de la sociedad que no haya sido transformado por la invención de la web en un laboratorio de física. Desde las investigaciones hasta los negocios y la educación, la web ha estado reconfigurando la manera en que nos comunicamos, trabajamos, innovamos y vivimos. La web es un poderoso ejemplo de la manera en que las investigaciones fundamentales benefician a la humanidad”.
¡Satamismo, Herr Heuer!
A nivel estrictamente del lenguaje, tenemos como ahora el Diccionario de la Real Academia recoge ya el término web:

Artículo enmendado.
Avance de la vigésima tercera edición
web.
(Del ingl. web; propiamente 'red, malla').
1. f. Inform. Red informática.
□ V.
página web
sitio web
Real Academia Española © Todos los derechos reservados.

y, como apuntábamos también antes [previa su inclusión en la venidera edición impresa], Internet:

Artículo nuevo.
Avance de la vigésima tercera edición
internet.
1. amb. Red informática mundial, descentralizada, formada por la conexión directa entre computadoras mediante un protocolo especial de comunicación.

ORTOGR. Escr. t. con may. inicial.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados


La reproducción del primer sitio web
Uno se entera de estas cosas, naturalmente, porque decide surfear por la web para enterarse de lo que está pasando en el mundo que nos rodea [más allá de las pantallas estas de las terminales de computadoras que ocupan nuestro tiempo de manera casi constante].
La irrupción de la web, nos dice la CERN, fue de carácter explosivo: para fines de 1993, había ya 500 millones de servidores en funcionamiento y la “telaraña mundial” [y bueno, no deja de ser pintoresco, aunque chorro] representaba el 1% del tráfico mundial en la Internet.
“Transcurridos veinte años, se estima que hay unos 630 millones de sitios web en línea”, agrega la CERN.

Monday, January 21, 2013

Doble personalidad

¿A quién creer?
La frasecilla de marras es una de las primeras que se aprenden en la escuela: Errare humanum est.
Simple y sencillamente porque errar es de humanos siempre he tratado en este blog de evadir la tentación de caer en la crítica porque sí, de simplemente apuntar errores.
Pero la actualización de este día en el sitio web de la Fundación del Español Urgente, que dada su asociación con la  Real Academia Española es uno de los sitios más consultados sobre temas y dudas del lenguaje, me parece demasiado jugosa como para soslayarla. [Como el contenido se actualiza periódicamente hay que hacer clic sobre la foto a la derecha para ver de qué se trata].
¿A quién creer?
¿A quien redactó la Recomendación Urgente del Día?
¿O a la persona responsable de elaborar el texto de respuesta a la Consulta del Día?

Lo más probable es que ese desdoblamiento se enmendará, tarde o temprano, diría yo.
Para mientras, se vale una carcajada. O dos.

Saturday, March 3, 2012

El cinco es par

También el tres.
No hablo de números pares o nones —todo el mundo sabe que tanto el tres como el cinco son nones, o impares.
Me refiero, en este caso, a la definición de par aplicada al golf: el total de golpes establecido para completar un hoyo.
Artificio o triquiñuela, si se quiere.
Foto de la fachada de la RAE en su sitio web
Pero en ninguna manera una falsedad, siempre que haga la precisión de que hablo de golf y que me refiero a catalogar como par al tres o al cinco según una definición aplicada a ese deporte.
O sea, siempre que diga algo así como, “En golf, el cinco es par” o “Este es un hoyo de par tres”.

Si yo pretendiera (y lo digo estrictamente para fines explicativos, no que esa sea mi intención) sostener que en virtud de esa acepción el cinco o el tres son  pares estaría incurriendo en lo que en lógica se denomina un sofisma.
Como pueden ver en el hiperenlace del DRAE, la actual definición (ya escueta de por sí) se sintetizará aún más para la próxima edición del Diccionario:


Artículo enmendado.
Avance de la vigésima tercera edición
sofisma.
(Del lat. sophisma, y este del gr. σόφισμα).
1. m. Razón o argumento falso con apariencia de verdad.

Friday, February 17, 2012

Algo nuevo bajo el sol

Decíamos, en entregas anteriores, que muchos de los cambios anunciados por la Real Academia Española en los años recientes —tras la última edición de la Ortografía de la Lengua Española (2010)— distaban de ser novedosos, en el sentido de que más bien constituyen un reconocimiento de que lo normado discrepaba de la práctica.
Si acaso, decíamos, las medias tintas esas en torno al punto decimal, cuyo uso es ahora una recomendación de la RAE, “aunque se sigue aceptando la coma (decimal)”, no dejaba de ser la expresión formal de algo ya reconocido desde principios de siglo en el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD).
Con todo y lo impresionante que sea esa aceptación de la costumbre y la práctica (porque la recomendación va más allá del campo puramente gramatical, del ámbito de la ortografía, y afecta sectores como el comercio internacional), no extraña que el mayor énfasis de la RAE (y organizaciones asociadas como la Fundéu BBVA) esté en temas como el relacionado con el uso de la tilde diacrítica enel adverbio solo.
Si alguna vez llegáramos a encontrarnos con alguien que afirmase, tajante, que a partir de ahora (o de la fecha que opte por mencionar) la Academia ha proscrito el uso de la tilde en el adverbio solo, bien podríamos argumentar que, bueno, sí pero… a lo mejor, no.
Veamos, primero, un documento más reciente, el ya mencionado pdf de la Fundéu BBVA con Novedades de la Ortografía:


Nótese la frase inicial: no debe tener tilde nunca cuando no hay riesgo de ambigüedad.

Friday, February 10, 2012

Listo para el "finde"

“¡Mmmm, pues yo diferencio entre bañera de hidromasaje y jacuzzi!”, chateaba una amiga sevillana, horas después de que A pie juntillas estuviera por ahí en la web. Y coincidimos en que, como ya dijimos antes, no se trata de si adaptar o no las voces extranjeras a la grafía española es permisible.
El tema es cuándo esa búsqueda de uniformidad es aconsejable.
Eleva una cometa, no solo en "finde" 
En el caso de jacuzzi, creemos, no lo es, por cuanto la condición de marca registrada lo prohíbe. Y por otro lado, está esa visible discrepancia de la RAE: mientras el Diccionario Panhispánico de Dudas sugiere adaptar la grafía, el DRAE mantiene la original.
Nada de eso supone desconocer lo que con frecuencia se da a nivel de uso popular.
Se pide un Kleenex®, aunque esté claramente a la vista en el paquete que se trata de una toallita desechable de otra marca. Y ya nadie usa más pañales desechables, sino que Pampers®, aunque —de nuevo— sea otro el fabricante.
Hay por lo menos un país de América Latina en donde la gente llega todavía a las tiendas a pedir Fab (un detergente para lavar ropa que al parecer dejó de comercializarse hace muchos años en ese país). Cualquiera de nosotros puede traer a cuento casos similares.

Wednesday, February 8, 2012

A pie juntillas

Hay cosas que de inmediato le hacen pensar a uno en algo divertido.
Bañera de hidromasaje, si es de otra marca
Téngase, por ejemplo, el ya antes citado pdf con Novedades de la Ortografía. Fue nada más leer, ya casi al pie de la página 5, las recomendaciones de la RAE referidas a la g y la j en los vocablos prestados de otros idiomas, que quien se vino a la mente fue el ya fallecido cómico afroamericano Redd Foxx.
El humor de Foxx era impúdico y en más de alguna oportunidad fue sujeto de censura. Puede que muchos de los hispanohablantes que viven en Estados Unidos lo recuerden por la serie televisada Sanford and Son.
Uno de los episodios de esa serie incluyó un diálogo en el cual una mujer latina le pregunta algo, solo que no formula su interrogante con una frase completa, sino que utiliza nada más el pronombre en inglés para “usted” o “tú”.
Mujer:                                          You? [¿Y usted?]
A lo que Sanford responde:         No. African-american!
La respuesta de Sanford, que genera una mirada perpleja de la mujer (la cual naturalmente los productores destacan con la risa enlatada de rigor), se explica porque el fuerte acento hispano de la mujer hizo que sonara como si ella hubiese dicho a Foxx:
Mujer:                                        Jew? [¿Es usted judío?]
No somos pocos quienes en más de alguna oportunidad nos habremos topado con episodios similares al aventurarnos a hablar en un idioma extranjero. O que habremos presenciado o escuchado anécdotas de parecido corte.
Aunque esté incluido en Novedades de la Ortografía, el consejo sobre la manera correcta de incorporar a nuestro idioma el término inglés manager nada tiene de novedoso.
El Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD), cuya primera edición circuló en 2005, ya incluye el término y precisa lo siguiente:
Aunque suele pronunciarse [mánayer], como en inglés, en español debe adaptarse la pronunciación a la grafía y decirse [mánajer]. Es común en cuanto al género (→ GÉNERO2, 1a y 3g): el/la mánager.
(Aclaro que consulto el DPD vía Internet, de manera que bien podría ser que todo lo relacionado con [mánayer] —¿o será [mánajer]?— no esté de hecho en la edición impresa y que sí sean novedosas las recomendaciones en el pdf).
Una manera segura de evitarse tal intríngulis en cuestiones de pronunciación sería, naturalmente, conocer a la perfección el Alfabético Fonético Internacional, el cual nos describe los sonidos de cada una de las letras que utilizamos.
Pero eso es prácticamente un imposible. De ahí que uno deba apoyarse en los entendidos para resolver cuestiones sobre pronunciación.
Pero también debe uno ser cuidadoso y aludo, con ello,  a lo siguiente en el pdf:


Lo de yacusi no es nada nuevo: figura también en el DPD.
Y en este caso, me parece, el Panhispánico—que, como habrán notado, precisa que se trata de una marca registrada— no anda del todo bien.
El término figura actualmente como voz inglesa en el DRAE. Y es por su condición de marca registrada que su grafía se mantiene, según puede verse en el avance de la vigésima tercera edición:

Aun cuando se trate de entendidos, uno debe tener siempre en mente que jamás es aconsejable seguir consejos a pie juntillas.
En pocas palabras, debe uno discernir.

Saturday, February 4, 2012

Golfea todo lo que quieras

Con lo de zigzagueo en la entrada anterior aludía, me parece que habrá quedado claro, a casos como los de show y look.
Un día están en el Diccionario y, como por arte de magia, al siguiente se esfumaron.

Por supuesto que habrán pasado años entre la inclusión y el defenestramiento.
Pero utilizo la hipérbole de ese imaginario abracadabra porque la vacilación impacta entre la gente que busca hacer las cosas bien.

Pero en la cancha, haces putting
Nada tiene de malo corregirse y enmendarse. Pero son casos como los de esos dos términos los que me recuerdan aquello de, “El que pispilea pierde”, la norma en uno de los juegos infantiles en mi país. El primero que parpadea cede el paso a otro competidor. Aquí, parpadea uno y no se da cuenta de que algo ha cambiado.
No debería extrañarnos si alguien concluye que ese sube-y-baja luce como una versión sin música de la “María” de Ricky Martin, “un pasito 'pa 'lante … un pasito 'pa 'trás”.
Salvo por aquellos que a diario lidiamos con el lenguaje (no hay necesidad de cuantificarlo, pero convengamos en que somos un porcentaje casi microscópico del universo total de hispanohablantes), nadie más anda por ahí con el DRAE a cuestas o tiene a la mano los recursos de consulta —o, de hecho, se preocupa por hacer consultas: si el término está en los medios o ingresó en su entorno, ahí quedó.
La respuesta completa a la pregunta de Ana Elvia en torno a cómo tratar con los extranjerismos, los aportes de otros idiomas a nuestra lengua, está aquí. Básicamente, si ya hay un término equivalente en español, cuyo significado sea el que se pretende transmitir, se usa el término en español.
Muchos neologismos en el habla común, el cotidiano decir de la calle, el que utilizamos todos, aún a sabiendas de que “así no se dice”, no son tal cosa. Reflejan nada más el hecho de que cada uno de nosotros opta a menudo por ser “paresito faraón” (como lo escuchamos aquí en la voz de Antoñita Romero): “en vez de la cuesta arriba, prefiero la cuesta abajo”. (La canción, por cierto, nos es más familiar a la gran mayoría en esta interpretación de Juan Legido y los Churumbeles de España, aunque youtube nos ofrece muchas otras versiones, como la de Amalia Rodrigues).
Se dice “lonchar” por pereza o por ignorancia, porque perfectamente deberíamos decir “voy a almorzar”, como también por pereza o ignorancia se dice “troca” para referirse a una camioneta, un “pick up truck”. Ni lonchar ni troca se merecen discusión.
Ahí están también las normas de la RAE para el tratamiento de lo que cataloga como extranjerismos necesarios o muy extendidos (categoría, por cierto, que podría explicar o justificar la inclusión esa, efímera al fin de cuentas, de show y look). Muy pocos disputarán el acierto del apartado 2.1, referido al mantenimiento de la grafía y pronunciación del idioma de origen.
Donde habrá, aun entre los mismos académicos, mucha tela que cortar, y donde naturalmente se impone esa orientación y guía de la RAE (porque llegamos al final de la ruta y necesitamos de un lazarillo, de cubierta a la intemperie) es en las decisiones sobre los apartados 2.2.a) y 2.2.b).
Un aparte, previa la conclusión de esta entrega.
Las normas pueden ser de reciente elaboración, pero reflejan  lo que ha sido usual en el idioma.
Papa, del quechua, y tomate, del nahua, se asimilaron sin problema alguno. Los franceses tuvieron que inventarse pomme de terre para el tubérculo y los italianos no se ruborizaron nada para referirse al humilde tomate como pomo d'oro (resumo, claro, hay mucho más sobre cada término).
O sea, los dos apartados esos son diáfanos y sintetizan lo que ha sucedido con nuestro idioma a lo largo de los siglos.
Se presupone, por otro lado, un conocimiento del lenguaje extranjero originario para entender por qué un término figura así con grafía española.
Quienes viven en Estados Unidos no tendrán problema para asimilar airbag en el español de uso cotidiano (sí, el DRAE nos autoriza a usar el término tal cual), pero doble contra sencillo que nadie dirá [airbág] como aconseja la Academia, sino que optará por [érbag], su enunciado en inglés.
¿Y qué de cruasán, como el DRAE nos autoriza ahora a españolizar el vocablo?
Para quien no tenga ni la más mínima idea del francés y se haya referido como “croisánt” al referido bollo (hablo de un contexto en el cual no hay ninguna descripción ni referencia adicional), cruasán les será de tan difícil comprensión como cualquier otro vocablo extranjero. (Me abstengo de siquiera pensar cuál será la reacción al mamotreto ese de cruasán entre los argentinos, con su medialuna —una broma, naturalmente, porque cruasán no ha sustituido a medialuna).
La RAE y sus correspondientes en el resto del mundo nos ayudan, nos guían, nos aconsejan. En la lengua de uso diario, es el sentido común, el discernimiento, lo que prima.
Ahí están los sufijos para hacer verbos de sustantivos.
Twist, dijimos antes no está en el Diccionario. Pero “se baila (o se bailaba) el twist”, no tuisteaba nadie. Y aunque la RAE no lo hubiese incluido jamás y golfear, el verbo español, signifique otra cosa en su acepción listada, ya la gente “golfeaba” o “iba a golfear” en las canchas de golf.
Un deporte, que por cierto, nos ofrece el verbo “to putt”, uno de los términos a los que jamás habrá de aplicarse la disposición esa que puede aplicarse a golf [golfear] y a Twitter [tuitear].
Doble contra sencillo que quien vaya a golfear en, por ejemplo, el hotel Biltmore de Coral Gables, ilustrado arriba, preferirá seguir dando de golpes cortos o "hacer putting" para enfilar la pelotita al hoyo antes que usar un verbo que, en el mejor de los casos, significaría proferir improperios o insultos y, en el peor, yogar por lucro.

Friday, February 3, 2012

Quién podrá socorrernos

Estrictamente desde el punto de vista lingüístico hay dos personajes del mundo deportivo estadounidense que siempre me han fascinado.
Como esta entrega solo pretende responder, de manera breve, a una consulta recibida a raíz del post previo (Rocanroleas tú, rocanroleo yo), los menciono pero sin detallar el porqué de la fascinación.
El final del camino
Uno de ellos, Casey Stengel, predata nuestra época actual. Es necesaria una extrema familiaridad con su personalidad, el deporte, su era misma y mucho más, para entender por qué es tan interesante en relación con el uso del idioma (cualquier idioma, no hablo del inglés).
El otro, Yogi Berra, todavía anda por ahí.
Como verán en su sitio web oficial, aparte de ser uno de los más destacados beisbolistas de la historia, debe también su celebridad a frases como las que aprovecho aquí para este comentario inicial de mi respuesta a la consulta de Ana Elvia.
“En realidad no dije todo lo que dije” (I really didn't say everything I said), afirma Yogi en su sitio web. En otra de las citas, más abajo, sentencia: “Cuando el camino se bifurca… ¡síguelo!” (When you come to a fork in the road...Take it!)
Sintetizo por qué eso es interesante desde el punto de vista del lenguaje.
Si uno analiza ambas expresiones de Yogi  no puede menos que considerarlas un disparate. (Peores eran los galimatías de Stengel, tan complicados que en alguna oportunidad resultaron en que se acuñara el término Stengelese).
Bien puede ser que me equivoque, que Yogi dice exactamente lo que dice y no mi interpretación.
Pienso, sin embargo, que más bien es tan sencillo como: hay por ahí mucha gente diciendo que yo dije una frase equis, cuando la verdad es que yo jamás dije nada por el estilo (no dije todo lo que otros dicen que dije); y, no te ofusques si en un momento determinado llegas a un lugar donde tu ruta se parte, sigue por el ramal correcto, no tomes el equivocado.
Podría ser, ¿no les parece?

Las complicadas normas de la RAE sobre el tratamiento de los extranjerismos (que no he reproducido en su totalidad, pero de las que he hablado ya antes) hicieron precisamente que Ana Elvia plantease esta mañana la siguiente pregunta:
“... veamos si estoy entendiendo ... ¿las palabras son pronunciadas igual no importa el idioma… la escritura es la variante... y si nos referimos al modernismo del web... buscamos el significado únicamente usando el inicio de la palabra sin ser la correcta y nos define la respuesta que viene siendo la misma... ?”
Creo que las dudas de Ana Elvia se aclararán con las próximas entregas. Pero igual me parece que su pregunta refleja un poco la experiencia de casi todos.
A menudo nos encontramos ante bifurcaciones en el camino (o peor aún, el final de una ruta con solo la aridez del descampado ante nosotros, como en la foto que otro buen amigo, Rubén Henrique, me compartió hace algún tiempo), volvemos la vista hacia la RAE en busca de auxilio y en lugar de quedarnos todo claro, las normas  y el zigzagueo nos dejan  en espera de un Chapulín Colorado que llegue a socorrernos.
Pendiente de continuar con el tema, les dejo este pdf de la Fundéu BBVA con Novedades de la Ortografía, que todos deberíamos de tener a mano (en especial quienes trabajamos a diario en temas del lenguaje) y al que nos referiremos en futuras entregas.

Thursday, February 2, 2012

Rocanroleas tú, rocanroleo yo

Si quisiera exagerar les diría que recuerdo la hora exacta en que sucedió.
El Museo del Rocanrol en Cleveland, Ohio
Para no pecar de puntilloso bastará con mencionar que era poco después de las 12:30 p.m., en un día de 1992, cuando me encontraba en Naciones Unidas reportando por teléfono una crónica de radio para la agencia de noticias con la que entonces trabajaba.
Parte de nuestras responsabilidades (mía y de muchos otros colegas de la misma agencia) era enviar crónicas que luego se retransmitirían a las radios afiliadas.
En uno de esos despachos, casi a final de la crónica mencioné la frase, “… que coincide con las celebraciones del sesquicentenario de la llegada de Cristóbal Colón a América… ” y, tras despedirme del técnico de grabación en el estudio, colgué.
Y fue entonces que reparé.
En lugar de leer “quincentenario” (o sea, quinto centenario del descubrimiento de América), como lo tenía escrito en mi crónica preparada, había quitado la vista del papel y, por alguna razón que hasta ahora no logro explicarme, dije sesquicentenario.
Era como si alguien hubiese dicho, haz el papel de Cronos: al medio siglo le recorté de un solo tajo más de dos tercios y lo dejé en 150 años. ¡Vaya pifia! (sí, se vale reírse). Y sí, pasa en las mejores familias, que se dice.
Reparar en el error para marcar de nuevo el teléfono del Departamento de Radio y pedirles que grabásemos de nuevo la crónica fue instantáneo.
Rememoro la anécdota para reiterar que así como las personas, los seres humanos, erramos, lo mismo sucede con las instituciones. E igual que uno hace un reparo: enmienda, corrige o modifica, lo hacen también las instituciones.
Es lo que está sucediendo con show, como apuntábamos en un comentario anterior, y lo que también (si se mantiene la propuesta de suprimirlo para la vigésima tercera edición) sucederá con look que, por hoy, el DRAE aún incluye como voz inglesa.
Distinto es el caso de paddle, que al publicarse la próxima edición dejará de escribirse en su grafía inglesa y se españolizará como pádel.
En este caso, la RAE ha decidido apegarse a una de sus variaciones relativas a la inclusión de extranjerismos: “Mantenimiento de la pronunciación original, pero adaptando la forma extranjera al sistema gráfico del español”.
Es lo que también sucederá con rock and roll, hasta la fecha incluido como voz inglesa y definido como, “Género musical de ritmo muy marcado, derivado de la mezcla de diversos estilos del folclore estadounidense, y popularizado desde la década de 1950”.
Al publicarse la nueva edición del DRAE, no habrá más rock and roll, sino que rocanrol, con un apenas perceptible cambio en la definición: “Género musical de ritmo muy acentuado, derivado de la mezcla de diversos estilos del folclore estadounidense, y popularizado desde la década de 1950”. (Negritas mías).
Naturalmente, todo esto funcará (me refiero a la capacidad de comparar o anticipar los cambios) para quien vaya y acceda al DRAE por medio de Internet. Si lo que se tiene a mano es el volumen impreso o una versión informática no actualizada, el DRAE seguirá dándole el término como rock and roll.
En realidad, si uno va e introduce rocanrol en la casilla de búsqueda, aparecerá siempre la actual definición, aunque acompañada del botón





Todo hunky-dory —no, no está en el Diccionario, pero me imagino que habría que incluirlo como jonquidori si es que en algún momento alguien juzga que no basta decir “fabuloso” o cualquier otro adjetivo— excepto por lo siguiente:

Tanto en la actual definición de rock and roll como en la de rocanrol, el DRAE acota: U. t. c. adj (Usado también como adjetivo) e ilustra: “Música rock and roll. La era rock and roll.” para el uso actual, y “Música rocanrol. La era rocanrol.” para el venidero.
¿De veras? Aunque nada habría de malo en llamar al sitio que ilustra el artículo el Museo del Rocanrol, sigo prefiriendo “El rock de la cárcel” y la “Era del rock” a “El rocanrol de la cárcel” y la “Era del roc”.

Wednesday, February 1, 2012

Que gorjeen (los bebés y) los pájaros

La intención no es la de defender a nadie —menuda arrogancia sería adjudicarse el laburo de paladín de eminencias— ni mucho menos la de criticar porque simplemente a uno le sale de donde le sale.
Mi nieto gorjea, yo tuiteo
Para mí esto de bloguear acerca del idioma (y confío en que eso es algo que estará quedando claro) es más bien hacer lo que todo el mundo debería hacer de vez en cuando: arrellanarse, evaluar las cosas con pausa y sin prisa alguna, y determinar si por ahí hay algo que debería o podría estar mejor.
A uno le podrá parecer que la Real Academia Española es rígida, cerrada, parsimoniosa, lenta y … bueno, agréguele los calificativos que desee.
Con todo y el humor con que uno podría tomar el dato curioso ese de que pasaron casi cuatro siglos para que yogur obtuviera el visto bueno no hay propósito de mofa alguno en el comentario. Al cabo, ya hemos dicho que el mataburros no es ni se le debe considerar un mero listado de palabras.
La idea era contrastar tanto la relativa celeridad en la inclusión de show como la no menos asombrosa rapidez con que se está proponiendo defenestrarlo.
Y a nuestro buen amigo Chubby Checker (en un sentido amplio, porque amigos son todos aquellos que figuran en nuestra experiencia de vida) lo recordamos porque, de nuevo, la lengua la hacemos todos, pero no siempre la popularidad de un término debería ser sinónimo de inclusión obligatoria.
(Incorporado o no, quiérase o no, repito, twist sí es parte de nuestro léxico, aunque no esté impreso).
A mí me luce, en ocasiones (sobre todo en aquellas en las que alguien opina, por ejemplo, “Es inaudito lo que está haciendo la RAE”), que la Academia sirve a muchos como el poste que antes, en los pueblos, se colocaba en las esquinas para impedir que las carretas chocasen contra las casas. Si no tuvo usted la suerte de vivir en un pueblo tranquilo como el de mi infancia, remítase entonces a las defensas esas, a menudo en amarillo fluorescente, que sirven idéntico propósito.
Cualquiera que piense que el idioma es cosa sencilla (y regularlo, normarlo, pan comido) haría bien en apreciar lo siguiente: la RAE se funda en 1713. Unos 100 años después de la muerte de Cervantes y casi 80 después del deceso de Lope de Vega —apenas dos de los más prolíficos escritores de nuestra lengua— y más de dos siglos después de que América (toda nuestra América) ha comenzado a influir ya en el idioma. Menuda tarea la de normar el idioma, creo yo.
Distinta pero no necesariamente menos abrumadora es la tarea que la RAE tiene ante sí con esto de la constante introducción de nuevos términos al idioma.
Un día alguien le cuenta a uno de este fenómeno cibernético de twitter o se ve obligado a llevar al castellano frases en inglés donde figura el sitio o la expresión. Me dice D. Lorena en su mensaje: “Hace tiempo con una colega nos preguntábamos qué pasa con términos como ‘tweetea’ y una editora (del Departamento de Español al Día de la Academia) nos envió esto: '...la RAE contestó una consulta al respecto en la que recomienda el uso de 'tuitear', pues la grafía se adapta a nuestra lengua' ”.
En la respuesta, que puede leerse aquí en su totalidad, la editora dice que teniendo en cuenta todas las normas referidas al uso de extranjerismos, “la adaptación más apropiada sería tuitear, que es asimismo la que se documenta de forma mayoritaria…”.
El comentario yerra, me parece, cuando agrega: “…la variante tuitar, morfológicamente posible, no ha triunfado en el uso, puesto que en el español americano (es entre hispanohablantes americanos entre los que parece haber hallado más éxito esta herramienta electrónica) resulta más productiva la desinencia -ear que –ar”. Equivocada, creo, pero esa es la respuesta.
Una  más concisa, pero no necesariamente definitiva, la tenemos aquí: “… lo más adecuado sería adaptar la forma gráfica a la pronunciación de la palabra: tuitear, tuiteo, tuitero”. Y agrega: “Sin embargo, Twitter debe escribirse así por ser el nombre propio de una marca registrada”.


Tuesday, January 31, 2012

Aunque no esté, se baila

¡Nada de twist que valga, Chubby!
Bien podría ser que las normas de la RAE sobre el tratamiento de extranjerismos expliquen el porqué de la propuesta eliminación de show en la vigésima tercera edición del Diccionario, que mencionamos en una entrega anterior y al cual se refiere D. Lorena en su mensaje.
La consideración podría ser que es superfluo e innecesario porque ya hay los equivalentes en español de las dos acepciones que incluye el mataburros.
Sea que al fin de cuentas la eliminación pase de propuesta a realidad, lo que al menos debería hacerse es revisar (pienso yo) esa definición de la locución verbal “montar un show” que a la fecha nos ofrece el DRAE: “Organizar o producir un escándalo”, dice.
Puede que sea eso en algún lugar del mundo.
Pero cualquiera que haya visto un partido de fútbol sabe bien que hay uno más preciso y que quien monta un show es simplemente un mentiroso: finge estar lesionado para beneficiarse. Montar un show es fingir.
Lo de show y su meteórico paso por las páginas del DRAE vino a cuento porque, decíamos, así sea una manifestación de sapiencia colegiada, Academia no quiere decir infalibilidad. Y es también reflejo del carácter cambiante del idioma.
Esa presencia efímera vendría a ser, también, una aberración. Lo normal es que la Academia se tome su tiempo para la inclusión de nuevos términos.
Téngase el caso de yogur: fue hace 50 años, a principios de 1962, cuando se informó desde Madrid de la futura inclusión del término en el Diccionario. Abran su diccionario (o introduzcan el término en la casilla de consultas del buscón, según el caso) y verán:


yogur.
(Del fr. yogourt, y este del turco yoğurt).
1. m. Variedad de leche fermentada, que se prepara reduciéndola por evaporación a la mitad de su volumen y sometiéndola después a la acción de un fermento denominado maya.


¿Qué tiene eso de curioso?, podría ser la pregunta.
Una, que se tomó del francés, cuando Turquía está ahí (por así decirlo) a la vuelta de la esquina si se vive en la península. Es de suponer que fue por allá en los años posteriores a la II Guerra Mundial, cuando se habrá popularizado en Francia el consumo del yogur (y luego en España, suponemos), que la RAE optó finalmente por incluirlo en la décima novena edición de 1970.
No es como que el término se desconociera en su totalidad: Cervantes, que presumiblemente se habría familiarizado con el término cuando prestaba servicio militar allá en la segunda mitad del Siglo XVI, lo menciona en sus obras, apuntaban los despachos de prensa de la fecha.
En resumidas cuentas, porque la lengua la hace la gente, una bicoca de 400 años para que el yogur fermentase como término aceptado.
No siempre la popularidad de un término (nos remitimos de nuevo al enunciado previo de que el DRAE no es un simple listado de palabras) lleva a su inclusión, sea en su grafía y pronunciación originales o adaptando una o ambas al español.
Así pasen cuatro siglos (como en el caso de yogur) o 50 años, como en el de twist.
Hace ya más de 50 años que Chubby Checker, uno de los íconos de la música popular estadounidense, figuró a la vanguardia de una verdadera revolución cultural con The Twist: “Come on baby, let´s do the twist!”, instaba el regordete intérprete.
Pero ingresen twist en la casilla de consulta y verán la respuesta.
Satamismo: La palabra twist no está en el Diccionario.

Sunday, January 29, 2012

Buscando tres pies al gato

La respuesta es tan sencilla como el sujeto

Entre mis numerosos e-mail de los últimos meses recibí uno de invitación a visitar la página web de Joaquín Orellana con una muestra de sus pinturas.
El URL  para visitar esta muestra electrónica es sencillo, fácil de recordar. Y si alguna dificultad tuviera para acordarme, basta con ir a Google e ingresar (¿o será introducir?) joaquin orellana (tal cual, sin tilde en la “i” de joaquin, que al cabo en nuestros días los genios de la informática lo hacen todo pan comido) para encontrar millones de opciones. De manera que no es como que precisamente me jacte de mi facultad de retener información.
Lo menciono porque a diferencia de otros posts en los cuales he utilizado fotografías que yo mismo he captado, las imágenes que incluyo en este comentario provienen de la página web de Joaquín. Las he tomado sin su autorización, que no tengo duda alguna él me habría concedido si se la pidiese.
(Aunque aquí no hay conflicto de interés alguno y nadie se está beneficiando en absoluto de nada, valga también la aclaración de que Joaquín es mi cuñado —uno de mis mejores amigos y una de las personas a quienes más respeto, por cierto— vía su matrimonio con mi prima).
“Pintado en azul”, comienza Joaquín la anécdota que nos narra en torno a su cuadro, Pescador.
Y agrega:
— Un amigo me preguntó: “¿Por qué en azul?”
Antes de que pudiera formular su respuesta, dice Joaquín, su anónimo amigo le planteó algunas interpretaciones de esas con que a menudo se busca asignar significado a las cosas:
“¿Que si era una nueva tendencia, que si había algunos sentimientos expresos, que con qué sentimientos lo había pintado?”
Tras ofrecerle algunas conjeturas adicionales, añade, su amigo indagó de nuevo: “A ver, ¿por qué ha pintado en azul?”
La Dama del Mar
— Yo le contesté que solo ese color tenía en ese momento —dice, antes de concluir—: Después sí me parecía que podía ser una tendencia. (A lo mejor, acoto aquí. Varios de los cuadros en la página web, como el que Joaquín titula La Dama del Mar, podrían reflejar esa tendencia).
Como en el caso de esa semi-anónima conversación (porque conocemos a uno de los participantes), en cosas del lenguaje la respuesta es a veces así de sencilla: Porque es lo correcto. Porque lo manda la Academia. Porque así se dice. Porque…
No es cosa de andarle buscando tres pies al gato.
No hablo de dogmatismos o imposiciones. Me refiero a cosas tan sencillas como el que, por ejemplo, alguien viniera y objetase de mi utilización, en la frase inicial, de e-mail.
La Fundación del Español Urgente citada con anterioridad en otros comentarios (y que seguiremos citando, según corresponda) tiene varias respuestas a consultas sobre el tema, esta sobre cómo se dice y una más sobre cómo escribirlo en plural.
Tanto esas consultas como esta, en cuya respuesta se aconseja que debe “evitarse el uso del término inglés e-mail (pronunciado /i-méil/)” aluden a la definición de “correo electrónico” en el DRAE: “Sistema de comunicación personal por ordenador a través de redes informáticas”.
O sea, un significado que se da por extensión, ya que de ser más papistas que el Papa lo correcto sería insistir (como hacen algunos) en decir “mensaje de correo electrónico”. (Ordenador y computador o computadora, si la aclaración la creen necesaria, son la misma cosa).
Nótese que la Fundéu BBVA, al responder a cómo se forma el plural del término, precisa: “Debe permanecer invariable: Un e-mail, tres e-mail...”, aunque luego recuerde que el uso preferible es otro. Sobreentendido: si usa e-mail porque le funca más no vaya a decir “los e-mails que me mandaron”.
Y también nótese que todas esas respuestas anteceden, predatan a la manera como la RAE nos describió no hace mucho la manera correcta de usar la “y” como conjunción copulativa [Principales novedades de la última edición de la Ortografía de la lengua española (2010)]:
“Si la palabra que sigue a la conjunción no es española y comienza por el sonido vocálico /i/, sigue vigente la regla, aunque por tratarse de una voz extranjera el sonido /i/ inicial no se escriba como i o hi:
"Escriba su teléfono e e-mail (la e de e-mail se pronuncia [i] en inglés).”
En otras palabras: lo más correcto y preferible puede ser correo electrónico, lo más sencillo y práctico, e-mail.

Friday, January 27, 2012

No llores, que no perdiste

Lo siento, viejo, me llevo a la Academia.
Es uno de los escollos más fáciles de evadir, pero de igual manera una tentación en cierta forma omnipresente. Hablo del prescriptivismo. La idea esa de que porque uno va a comentar cosas del lenguaje comenzará, de repente, a preceptuar cómo debe decirse algo. O peor aún, que vendrá por ahí alguien a engatusarle a uno para que lo intente.
Para ordenar y prescribir en cosas del lenguaje está la Real Academia Española. Así de sencillo.
Al menos por lo que a mí respecta, me parece que sería más que arrogante pretender que hay más conocimiento en una sola persona que en la sabiduría combinada de decenas, por no decir cientos.
Una sabiduría colegiada que igual puede equivocarse, porque así sea precepto académico no todo lo que figura en el DRAE es siempre lo correcto.
Las modificaciones de artículos, las enmiendas al DRAE son precisamente eso, el reconocimiento de que, en algún momento, esa sapiencia colectiva pifió.
Para no extendernos en el tema, porque todo el mundo es gente ocupada y no tiene uno tiempo para gastarlo en lecturas prolongadas: así como puede haber inclusiones que reflejan errores propios de la actividad humana (por ahí hay ensayos de los mismos académicos sobre la incorporación equivocada de ciertos términos) o de criterios mal acogidos, puede haber también exclusiones (ausencia de ciertos términos) tanto acertadas como desacertadas.
Cualquiera que sea el caso, mi opinión es que si se anda en busca de recetas, el mataburros es el lugar más indicado para encontrarlas.
Nada de eso impide que uno venga y analice (concluya, al fin de cuentas) en que algo está bien dicho o que un término esté mal utilizado.
Los ejemplos abundan en todas partes.
Al menos aquí en Estados Unidos, es frecuente escuchar en los mensajes promocionales de las cadenas de televisión que “este sábado” su cine estelar (o cualquiera que sea el título del espacio) está de rechupete, porque en ese filme actúa “el ganador de la Academia” (nombre del actor).
'scuse me?
Desde hace ya años y presuntamente en un afán de evitar más daños a la ya frágil sensibilidad de los actores, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas (Academy of Motion Picture Arts and Sciences) impuso un cambio en la ceremonia anual de entrega de los premios Óscar.
En lugar del tradicional, “And the winner is…!” (¡Y el ganador es…!), los jerarcas de la AMPAS pidieron a sus presentadores utilizar una fórmula según la cual no hay perdedores: “And the Oscar goes to…!” (¡Y el Óscar es para…!”) [En la imagen flash que ilustra el post y que puede verse aquí la pregunta es quién volverá a casa con un Óscar, no con la Academia a cuestas].
Todos contentos y calabaza, calabaza, cada quien para su casa. Si te dueles es por llorón, porque aquí nadie te ha llamado (por inferencia) perdedor.
No descarto que haya alguna obligación contractual para que en la promoción de películas se emplee un lenguaje que remede el “Academy Award winner” con que actualmente se hace propaganda a las producciones cinematográficas que incluyen a ganadores de la dorada estatuilla. (De paso, el artificio publicitario permite, en inglés, promocionar a todo el mundo: la película vale ahora también porque está nominada —o en su elenco figuran candidatos— al premio).
Sería lo único que explique el despropósito de tener ganadores de la Academia, no del Óscar.

Thursday, January 26, 2012

La sombra de un soldado a las cinco de la tarde

Ni en mano ni volando, pero son pájaros
La cuestión esta de citar refranes tiene sus bemoles.  
Diga usted un refrán y no faltará el comentario jocoso en torno al tema. Bien puede ser que quien comenta desea introducir un tono ligero en el debate o la conversación. Pero también puede ser que en la mente de quien interpone el comentario, la literalidad doblegue al concepto.
Por ejemplo, un colega y excompañero de trabajo lamentaba hace poco en uno de sus comentarios la manera inexacta en que muchos dan en citar aquello de, “Cuando la barba de tu vecino veas cortar, pon la tuya a remojar” (otra versión pluraliza, “… las barbas … las tuyas…”). Y si mal no recuerdo, citaba él una tercera versión en la que las barbas no se cortan, sino que arden. El punto es que en uno de los comentarios, viene el aparte burlón: “¿Y si soy mujer y no tengo barba?”
En mi opinión, no es necesario ser paremiólogo para entender que si decimos “Más vale pájaro en mano, que cien volando”, lo que menos debemos esperar es ver ave alguna surcando el firmamento.
Eso pasa en cualquier idioma. “I don't wear panties”, fue una de las respuestas ofrecidas en un ciberforo en inglés a la consulta sobre qué quiere decirse con, “Don't wear your panties in a bunch”.
Aunque es una frase sin lugar a dudas sexista (en especial, claro está, si va dirigida a un hombre) el concepto nada tiene que ver con si la prenda interior que se usa es o no un panty.
El Urban Dictionary explica aquí que simplemente es una manera coloquial de decir a alguien, “Tranquilízate, no hagas un escándalo”.
“No seas Alharaco”, diría la gente de mi generación que creció desternillándose con las desaforadas reacciones del huasito chileno en la tira cómica homónima. (En una que recuerdo, en el primer cuadro el personaje, con los ojos desorbitados, las venas del gaznate a reventar y en presencia de una mujer con niño en brazos, increpa a los poco caballerosos ocupantes de un autobús porque presuntamente no le ceden a ella asiento alguno: en el segundo cuadro, el autobús se ve semivacío).
Ese desfase entre los aspectos literal y conceptual se ilustra mejor cuando analizamos traducciones equivocadas, más que frecuentes.
“La bandera golpeó al aficionado” fue el ofrecimiento de un redactor al titular “The flag hit the fan”, básicamente un juego de palabras con “The shit hit the fan” (Se armó el despelote, diríase por ahí).
La desafortunada traducción jamás vio la luz del día, gracias a la oportuna intervención de un colega a cargo de editar la gacetilla en la cual se resumía la controversia en torno a una ley que proscribía la quema de la bandera en Estados Unidos.
Casi tan memorable es la Ley General del Comercio de Autobuses, como se había traducido la Omnibus Trade Bill que por ese entonces (léase principios de la década de 1990) se debatía en el Congreso de Estados Unidos.
Una “omnibus bill” no tiene nada que ver con autobuses, es simplemente un proyecto de ley que recoge iniciativas variadas sobre diversos temas, por lo general incorporados o adjuntos a un tema principal, en este caso el comercio.
Unos años antes, cuando la NASA estaba todavía en sus preparativos para iniciar el ahora desaparecido programa de transbordadores espaciales, muchas de las informaciones despachadas desde Washington, D.C., aludían a los lanzamientos de satélites espía del Pentágono.
A bordo, indicaban los reportes gubernamentales, iban cámaras tan avanzadas con una definición asombrosa, capaces de captar desde los cientos de kilómetros de distancia de su órbita geosincronizada, detalles tan precisos como el crecimiento incipiente de la barba al término de la jornada laboral, lo que en inglés se da en llamar “a soldier's five o'clock shadow”.
¡Satamismo! Se tradujo (no se publicó así, pero se tradujo) como “la sombra de un soldado a las cinco de la tarde”.

Sunday, January 22, 2012

Esa palabra no existe

Existe, aunque los famas digan que no

Probablemente no exageraría si dijese que hasta el mismo día de su muerte (más acertado quizá será decir durante su vida entera), no hubo forma de convencer a mi abuela paterna de que frases como “Yo vide cuando los apresaron” estaban reñidas con el español moderno, con lo que el Diccionario Hispánico de Dudas (DPD) de la Real Academia Española (RAE) llama “la norma culta del español actual”.
No es que precisamente su uso de “vide” y otros arcaísmos (en conjunto, un reflejo del español que ella aprendió en sus años de escuela en las postrimerías del Siglo XIX y albores del Siglo XX) fuera un elemento constante de discordia.
Era, si acaso, algo esporádico, una reconvención que cabía esperar de sus nietos (antes que de sus hijos), cada vez que uno de ellos empezaba a aprender en la escuela los trucos y las trampas del lenguaje.
“No, 'má Menche (el diminutivo de Mercedes, su nombre de pila, que sigue siendo la forma como todos seguimos refiriéndonos a ella), así no se dice”, aventuraba uno.
Y sus hijos, nuestros padres o madres, que previamente habían recorrido el mismo camino, sonreían.
Ese recuerdo personal viene a cuento porque no son pocas las veces en que, antes que el más cortés “así no se dice”, muchos hemos escuchado la frasecilla de marras que encabeza este primer post: "Esa palabra no existe".
En muchas ocasiones, el pulgar abajo de quien condena refleja simplemente su desconocimiento del término. O de la manera como el lenguaje se estructura y el habla se forma.
No deja de ser cierto que la "inexistencia" de una palabra suele decretarla alguien que está en una posición de autoridad. (No viene al caso discutir si un edicto lingüístico de ese tipo desdice la presunta autoridad).
Por ahí, por ejemplo, circula en la Internet un post ya notorio en el que se nos instruye sobre una variedad de términos correctos o incorrectos. Y concluye: "Haiga no existe" (o algo por el estilo).
La admonición hace referencia al uso inapropiado del antiguo presente de subjuntivo del verbo haber: “haiga, haigas, etc., en lugar de haya, hayas, etc.” (DPD). Si yo respondo, “Dame lo que haiga” a la persona que me ofrece una bebida puede decirse que estoy usando un arcaísmo o que estoy hablando mal. No puede amonestárseme porque la palabra “no existe”.
Infrecuente es que las reconvenciones idiomáticas lleven la coletilla de, “según la RAE”. Infrecuente, digo, porque en la mayoría de los casos la alusión al Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) —el mataburros, para futuras menciones coloquiales en este blog— la hacen quienes no tienen ningún empacho en justificar su utilización de ciertos términos en el hecho de que figuran en el Larousse, el Oxford o cualquier otro listado de palabras, algo que el mataburros no es.
Es una especie de artificio dialéctico, si queremos llamarlo de algún modo.
La inexistencia de términos no es una tarea que el DRAE haya asumido en ningún momento.
Al menos en nuestra era contemporánea, la de la Internet (hay quienes prescindirán del artículo, escribirán el término con minúscula o lo masculinizarán: todos son correctos, vale aclarar), una consulta al DRAE sobre un término puede arrojar un mensaje como el que ilustra la foto adjunta a este post:

Aviso
La palabra cronopio no está en el Diccionario.

Pero de existir, existe.
Y desde mucho antes de principios de la década de 1960, cuando Julio Cortázar nos deleitó (aún sigue haciéndolo) con sus Historias de cronopios y de famas. Es sólo que “no está en el Diccionario”.
Por el contrario, y al igual que vide, haiga sí está.
En el caso de haiga no como arcaísmo, sino como término coloquial, de uso infrecuente, que mayormente se utiliza más en sentido irónico: “Automóvil muy grande y ostentoso”. Una explicación detallada de cómo “haiga” adquirió ese significado puede encontrarse aquí.
Los famas del lenguaje podrán decirnos que el término no existe. Los cronopios sabemos que no es así.