Podría recitarles aún, como de seguro lo harían mis hermanos menores y muchos de los primos con quienes crecimos juntos, los nombres de los perros que soportaban el ensordecedor bullicio que armábamos, al congregarnos todos en la enorme casona del abuelo paterno en el pequeño pueblo del sureste salvadoreño donde discurrió nuestra infancia.
Tan manso era uno de esos canes, “Tigre”, que se prestaba para que los más pequeños lo montasen a lomos, inocentes Don Quijotes en busca de aventuras sin saber entonces, naturalmente, de que hubiese alguien así llamado.
![]() |
Aislamiento preventivo, futuro incierto |
Hay en mi entorno cercano gente a quien amo sobremanera y cuyo amor por los animales es también inmenso. Y puedo asegurarles que quienes —dentro de ese entorno propio— escogieron la medicina veterinaria como profesión, lo hicieron más en respuesta a esa dedicación por el cuidado de los animales que por la necesidad de tener un medio de ganarse la vida.
Largo preámbulo, dirán algunos. Puede que así sea.
Traigo a cuento ese detalle personal porque no deseo en manera alguna que esta entrega genere ninguna confusión. Cualquiera que sea el amor que uno siente por los animales, me parece, hay una cierta dimensión en la que uno debería plantearse la respuesta a sucesos como el sacrificio reciente, en España, de Excalibur, la mascota de Teresa Romero, la enfermera del hospital madrileño que es la primera paciente en contagiarse de ébola fuera del continente africano.
Proteste uno lo que quiera. Diga lo que le venga en gana, que no se trata de callar a nadie. Las emociones, al fin y al cabo, le pertenecen a cada uno.
Para mí, dolerse por el sacrificio de un can sin deplorar, mientras tanto, la negligencia, los traspiés y los desaciertos que han acompañado la tragedia esta que tiene a Madrid por escenario, sin considerar, siquiera —porque es la única conclusión que se puede sacar— que lo que está sucediendo plantea una amenaza para decenas, cientos de miles, si es que no millones de seres humanos, es algo totalmente descabellado.
Véase si no.
style="color: #38761d;">
![]() |
Contacto fortuito y accidental |
![]() |
La carta de Juan Manuel Parra |
Y tanto en Dallas (Texas) —donde hace unas horas falleció el primer paciente en ser diagnosticado con ébola en territorio estadounidense, un turista liberiano— como en Madrid son variados los reportes de prensa sobre los desaciertos en la manera como se ha tratado a los pacientes.
Si alguna duda queda, léanse detenidamente el artículo del matutino madrileño El País, donde se detalla la experiencia de Juan Manuel Parra, el médico que atendió a Romero, así como también la carta del propio médico, inicialmente publicada por El País y que reproducimos en esta entrega. [La fotografía de Álvaro García, captada en el momento en que Parra ingresa al hospital para un aislamiento preventivo y también reproducida aquí en captura de pantalla de la portada de El País, es una de las más emotivas que he visto en mucho tiempo].
Cualquiera que sea el dolor que uno pueda sentir por el sacrificio de una mascota habría que tener a la vez en cuenta la drástica realidad que reflejan todos esos reportes y, de ser ciertas las afirmaciones del camarógrafo de la NBC y de la enfermera Romero, de la severa amenaza de un virus capaz de transmitirse más que por el “contacto directo” —en ambos casos el contacto fue, si se quiere, leve, fugaz y hasta cierto punto indirecto— con los fluidos de un enfermo.
Duélase uno por mascotas a diestra y siniestra. Me parece muy bien.
Pero acompáñese el dolor por la exigencia a las autoridades [en cualquiera que sea el lugar del mundo donde uno viva] de prepararse a conciencia para hacer frente a lo que bien podría ser un flagelo global, antes que una crisis pasajera o focalizada.
Y hágase, sugiero, mientras se aprecia, de la manera correcta, el sacrificio y la abnegación de los trabajadores de la salud como Romero y Parra, que les da a ellos la dimensión correcta.
Dimensión de héroes.
Comment from PabloM:
ReplyDeleteRE: Nuevo en Hablanzas
Thu, Oct 9, 2014 at 6:30 PM
la verdad que escribis muy bonito. Nos hacer viajar, retroceder, recordar, buscar en ntos. archivos, pero tambien nos relacionas con el presente y el futuro. Finalmente es la historia desde otro enfoque y perspectiva. Es creatividad, te felicito