En “Humor sin R” —o sea, Humo— Mónchez aprovechaba el relativo anonimato de su nom de plume, Ramón Chez, para hacer comentarios ligeros y en ocasiones, picantes y hasta capaces de incomodar a alguien, sobre el acontecer salvadoreño.
Lo mismo entonces que ahora debía de tener, el escritor, un cierto nivel de osadía para ejercer el humor.
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| Flanqueado por dos condiscípulos |
De manera que se explicarán también de dónde viene eso de “relativo anonimato” con que me refiero al seudónimo del colega, ya que no era nada difícil adivinar el verdadero nombre de quién avivaba la hoguera de donde se elevaba esa jovial columna de humo.
Tengo por ahí en el tintero una entrega con más detalles sobre mi buen amigo, que devino en colega y compañero de labores mío unos seis años después de que se publicase, el 11 de septiembre de 1964, la columna que podrán leer haciendo clic en la fotografía abajo.
En ese 15 de septiembre de hace medio siglo yo estaba aún en último año de secundaria.
Yo conocía a Mónchez por vínculos familiares, pero mientras él seguramente aporreaba el teclado en la redacción del “Dioy” yo, como gastador en las filas escolares del Colegio Marista de San Miguel, posaba luego del desfile en compañía de dos de mis condiscípulos, José Alonso Martínez, a mi derecha, uno de los miembros de la banda de guerra del ICO, y Amílcar

