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Tuesday, September 16, 2014

Más tiesos que los húsares

La frase del título no es mía, pero sí viene al caso porque proviene de una jocosa columna que mi buen amigo, el escritor y periodista Rafael Álvarez Mónchez, publicó hace poco más de medio siglo en las páginas de El Diario de Hoy.
En “Humor sin R” —o sea, Humo— Mónchez aprovechaba el relativo anonimato de su nom de plume, Ramón Chez, para hacer comentarios ligeros y en ocasiones, picantes y hasta capaces de incomodar a alguien, sobre el acontecer salvadoreño.
Lo mismo entonces que ahora debía de tener, el escritor, un cierto nivel de osadía para ejercer el humor.
Gastador en 1964
Flanqueado por dos condiscípulos

De manera que se explicarán también de dónde viene eso de “relativo anonimato” con que me refiero al seudónimo del colega, ya que no era nada difícil adivinar el verdadero nombre de quién avivaba la hoguera de donde se elevaba esa jovial columna de humo.
Tengo por ahí en el tintero una entrega con más detalles sobre mi buen amigo, que devino en colega y compañero de labores mío unos seis años después de que se publicase, el 11 de septiembre de 1964, la columna que podrán leer haciendo clic en la fotografía abajo.
En ese 15 de septiembre de hace medio siglo yo estaba aún en último año de secundaria.
Yo conocía a Mónchez por vínculos familiares, pero mientras él seguramente aporreaba el teclado en la redacción del “Dioy” yo, como gastador en las filas escolares del Colegio Marista de San Miguel, posaba luego del desfile en compañía de dos de mis condiscípulos, José Alonso Martínez, a mi derecha, uno de los miembros de la banda de guerra del ICO, y Amílcar David  Márquez, otro de los gastadores [uno de mis compañeros de entonces, Carlos I. Suárez, me ha corregido el error y me dice, también, que nuestro compañero se nos adelantó ya en el viaje sin retorno], como verán en la semiborrosa foto de hace medio siglo a inmediaciones de la Alcaldía Municipal migueleña.

Friday, November 22, 2013

La muerte de JFK, medio siglo después

Hacía un sol abrasador y un calor agobiante.
Nada fuera de lo común en términos de San Miguel —oriente de El Salvador para los foráneos.
Noticia de un atentado
La portada de la extra
La broma perenne entre los “garroberos” [término peyorativo en un principio, luego adoptado como hipocorístico por los migueleños] es que si la temperatura baja a por ahí, digamos, unos 24 °Celsios, es el equivalente de que está nevando en el valle del Siramá.
Hacía, digo, un sol abrasador y un calor agobiante.
Estaba junto a una de las bombas de la gasolinera, enmedio de la isla de servicio, cuando el locutor de la radio transmitió las primeras frases de la noticia que a mí me dejó helado.
Minutos antes, en Dallas, Texas, el presidente estadounidense John F. Kennedy había sido víctima de un atentado.

El despacho inicial sobre el atentado fue seguido, posteriormente, de actualizaciones sobre los sucesos en Dallas.
La coincidencia de que la zona horaria en Dallas y El Salvador sea la misma hizo que muchos salvadoreños siguiéramos los detalles sobre el magnicidio prácticamente con la misma inmediatez con la que se difundían en Estados Unidos.

Traigo a cuento mis remembranzas porque noticias como el asesinato de John F. Kennedy son del tipo ese que suelen calificarse como seminales.

Monday, April 8, 2013

Conecte el cerebro antes de hablar

El título de esta entrega es una frase que se encuentra a menudo en las redes sociales, con ligeras variaciones.
En síntesis —y no es que estemos presumiendo aquí de haber emprendido la reinvención de la rueda— antes de afirmar algo sobre el tema ese que justo se le acaba de venir a la mente, cerciórese de que sabe de qué está hablando.
Su inventora se apellidaba Miller
O como bien apuntan los paremiólogos del Centro Virtual Cervantes en el Refranero Multilingüe: asegúrese usted de que, al hablar, prima la discreción.
Esa es la idea clave en refranes, lo mismo en desuso que aún en boga, como “Por hablar poco, nada se pierde”, “Más vale buen callar que mal hablar”, “A buen entendedor, pocas palabras” y hasta “En boca cerrada, no entran moscas”.
No todas esas paremias [refranes, pues, pero reitero el vocablo para facilitar la relación con lo de paremiólogos arriba, en caso de que el vínculo con refranero no haya quedado muy claro] corresponden exactamente con la frase del título.
Las cito, sin embargo, en razón de la imagen al tope, en la que un anónimo crítico tuvo a bien captar con su celular unos cuantos párrafos de la información publicada en un periódico salvadoreño en torno a un hecho criminal.
“Lo menos que podrían hacer estos periodistas [no cito textualmente, porque la imagen la encontré hace ya algún tiempo y puse el tema al rescoldo durante casi un año] es consultar” el Diccionario de la Real Academia, rezaba, por ahí, la crítica, aludiendo a la inclusión de blúmer en el texto de la gacetilla.
De manera más bien curiosa, el periódico sujeto de la anónima crítica es el mismo en el que dos de sus más connotados columnistas de la época libraron hace más de medio siglo una amigable polémica en torno al uso [o mal uso, para ese entonces] del término cuyo origen se encuentra en el inglés bloomers.
Aunque la inventora de la revolucionaria prenda interior fue Elizabeth Miller, el nombre con que pasaron a la posteridad es homónimo del apellido de Amelia Bloomer, una feminista de mediados del Siglo XIX, como leerán en el hiperenlace anterior.
En el recorte de El Diario de Hoy que reproduzco abajo, Pedro C. Maravilla [seudónimo del poeta y periodista salvadoreño Serafín Quiteño] reprendía al también columnista, padre Robustiano Redondo [uno de los varios nom de plume, a su vez, del médico y escritor Alberto Rivas Bonilla] por su presunta falta de tacto al abordar el tema del uso de “brassiere” y “bloomers” [haga clic en el facsímil para leer el texto].



El tono de C. Maravilla era humorístico, también para su época, y es bien probable que a estas alturas habrá más de alguien que se sienta ofendido por el uso de ciertos vocablos en la columna —que dicho sea de paso era todo un jolgorio, al hacer énfasis en el sacerdocio [en la vida real, Rivas Bonilla no tenía nada de cura] que presuntamente le impediría ser conocedor de prendas femeninas.
Lo que sí quedaba claro, entonces, es que Robustiano Redondo tenía razón al criticar el uso del anglicismo.
No es el caso del anónimo crítico de la utilización de blúmer en la gacetilla.

Artículo nuevo.
Avance de la vigésima tercera edición
blúmer.
(Del ingl. amer. bloomers).
1. m. Am. braga (‖ prenda interior) U. t. en pl. con el mismo significado que en sing.

Tal vez no "conecte el cerebro" pero sí "consulte el DRAE" antes de criticar un término, ¿no les parece?