Wednesday, April 3, 2013

El glamour de la búsqueda

Muchos recordarán la escena esa del filme El código Da Vinci, en la que Tom Hanks explica cómo los conceptos adquiridos en nuestra experiencia de vida pueden generar conclusiones erróneas en la interpretación de símbolos.
Esa imagen en la pantalla de una cruz gamada [o esvástica, término que viene del sánscrito según detalla el DRAE] nada tiene que ver con el racismo nazi, dice Hanks, como tampoco hay relación entre el Ku Klux Klan y la imagen de los cucuruchos que él acaba de usar.
Hay por ahí en la lingüística y sus disciplinas asociadas términos que también explican el fenómeno al que alude Hanks en su caracterización del héroe de la novela, Robert Langdon.
Una ilusión mágica
En la web hay asimismo material suficiente sobre la llamada asociación de palabras, que permite a psicólogos y psiquiatras evaluar pacientes y hasta hacer diagnósticos de personalidad.
Menciono todo eso para explicar por qué tengo la plena seguridad de que ganaría una apuesta al decir lo siguiente: la mención de Sir Walter Scott evocará, en la mayoría de los casos, el título de una de sus obras, Ivanhoe.
De hecho, la afirmación podría ser aún más categórica, aunque a lo mejor habría que delimitar su alcance: para los nacidos entre 1930 y 1960, el filme Ivanhoe [que se describe en el hiperenlace de arriba], antes que la novela, sería la imagen evocada.
Funciona, también, en sentido inverso: dice uno Ivanhoe y piensa en el autor —aunque puedo asegurarles que muchos de mi generación que se deleitaron con la versión cinematográfica pensarán en Elizabeth Taylor, no en el autor.
Doble contra sencillo, para utilizar una frase común en el mundo de los juegos de azar, que serán poquísimos quienes piensen en Sir Walter Scott al ver, como en el título de esta entrega, el vocablo glamour.
Más todavía: también ganaría si apostara contra la extendida creencia de que es un vocablo de origen francés —algo que se refleja, en parte, por la etimología que incluirá en su momento la nueva versión del Diccionario de la Real Academia, como se darán cuenta si hacen clic en el botón Artículo enmendado del mataburros.
Sirva esta más bien extensa introducción para precisar que, si bien es parte de la entrega, la idea aquí no es la de solamente reproducir algo que ya ha circulado por la web desde hace varios años: que glamour es una alteración escocesa de grammar, la grafía de gramática en inglés, aunque con el significado más bien de erudición.
Este enlace detalla cómo el vocablo, en su acepción de “magia, encanto” (como en la frase to cast the glamor), es una variante del escocés “gramarye”, en su sentido medieval de aprendizaje de las ciencias ocultas.
Un vistazo online a Merriam-Webster ofrece una etimología similar y precisa que el primer uso conocido del término data de 1715.
Tanto el wiktionary como esta publicación [en deliberaciones que datan de 1995, por cierto] sugieren la posibilidad de etimologías vinculadas con lenguas nórdicas, antes que la prevaleciente hasta nuestros días.
En una entrega que data del 21 de junio de 2000 publicada en la sección The Maven’s Word of the Day de Words@Random, esa página web asociada con la editorial Random House detalla, como podrán ver, los usos subsiguientes de glamour con una acepción no vinculada a hechicería en el Siglo XIX y su posterior significado propiamente estadounidense.
¿Cómo justificar, entonces, que el DRAE persista [en la modificación anunciada para la vigésima tercera edición] en la reiteración de que se trata de una “voz francesa”, así y agregue que esa, a su vez, proviene del inglés glamour? La única explicación posible sería, se me ocurre, que el término debe usarse únicamente en el sentido ese, de “Encanto sensual que fascina”, que presumiblemente le atribuyen los galos.
Porque no es como si glamour jamás se hubiese conocido antes de que los franceses lo adoptasen.
Al tope he reproducido la imagen digitalizada por Google de la traducción, al español, del “Canto del último trovador”, como se publicó en 1843 en Barcelona el poema “The Lay of the Last Minstrel” de Sir Walter Scott [lo pueden leer en su totalidad en Poet’s Corner].
Del Canto Tercero, reproduzco los versos originales:


The iron band, the iron clasp,
Resisted long the elfin grasp:
For when the first he had undone
It closed as he the next begun.
Those iron chlsps, that iron band,
Would not yield to unchristen'd hand
Till he smear'd the cover o'er
With the Borderer's curdled gore;
A moment then the volume spread,
And one short spell therein he read:

It had much of glamour might;

Could make a ladye seem a knight;
The cobwebs on a dungeon wall
Seem tapestry in lordly hall;
A nut-shell seem a gilded barge,
A sheeling seem a palace large,
And youth seem age, and age seem youth:
All was delusion, nought was truth.

La traducción, como verán en la reproducción del facsimil digitalizado por Google, no recoge el término, sino que lo interpreta.

Tampoco reproduce siquiera el término en la traducción de las notas del autor. Mientras Sir Walter precisa que:

Glamour, in the legends of Scottish superstition, means the magic power of imposing on the eyesight of the spectators, so that the appearance of an object shall be totally different from the reality.

El traductor nos dice:

El arte de la ilusión mágica, tan famoso en las supersticiones escocesas, consistía en el poder de dominar con ella de tal modo la vista de los espectadores, que la apariencia de un objeto era totalmente distinta de la realidad.

Una búsqueda de material para la entrega anterior, se los puedo asegurar, no tiene ningún encanto sensual que fascina. Pero sí tiene glamour.

No comments:

Post a Comment